¿Por qué colaborar?

 

Porque en las pautas que nos dejó Jesús, dos mil años atrás, se habla de repartir Pan de vida pero también peces. O sea, que nosotros, su iglesia, debemos comprometernos con la salud integral del ser humano, uniendo fe y acción para que el amor de Dios se extienda a los menos privilegiados. Ello implica no pasar de largo ante la injusticia social y la mala distribución de las riquezas que Dios pone a disposición del ser humano. Bíblicamente está sustentado que debemos ser las voces proféticas que clamen por los que carecen de ella; ése es el verdadero ayuno que nos pide Dios en Isaías 58. 

Indiscutiblemente, nuestra fe debe ir acompañada de una responsabilidad social, es un requisito básico para cualquier iglesia que quiera ser agente de transformación de su entorno. En ella, personas transformadas tienen la misión de preocuparse por otros, detectando sus necesidades, conmoviéndose, comprometiéndose por y para con ellos. La iglesia no sólo debe asegurar su propio bienestar, sino que debe estar atenta a las noticias que fluyen de un mundo que sufre, se deteriora, enferma, etc., para levantarse como una voz que trae esperanza de cambio.

 

La iglesia no puede ignorar que en el mundo hay más de mil millones de personas que se ven azotadas por el hambre. Que en muchos lugares los niños mueren antes de los cinco años por falta de una simple vacuna o por carecer de agua potable. No se puede solucionar toda la problemática de la geografía mundial, pero empecemos por marcar la diferencia en la vida de un niño, de una familia, de una comunidad de Perú, Colombia, Haití, Hondura, Líbano e Irak que se encuentran en situación de pobreza y/o en riesgo de exclusión social. Desde las iglesias locales mucho se puede hacer para cooperar con la obra que en estas regiones de América Latina se está llevando a cabo desde Alianza Solidaria junto con entidades cristianas e iglesias locales, a través de sus programas como  Moisés, Turmanyé y Esperanza para Haití, Alimentación, Emergencia y ayuda al Desarrollo.

¿Cómo colaborar?

1) Orando por todo el trabajo que se está llevando a cabo, sin olvidar pedir por la fortaleza, medios y demás necesidades de las personas que allí trabajan, así como por los retos que tenemos por delante.

 

2) Concienciando a tu congregación o grupo sobre las situaciones de pobreza, desigualdades y sobre la importancia de la Misión Integral y formas prácticas de acción.

 

3) Colaborando económicamente de forma mensual o esporádicamente con los programas de Alianza Solidaria, o retos concretos a través de las escuelas dominicales, grupo de mujeres, grupo de jóvenes o entre un pequeño grupo aunando esfuerzos.

 

4) Desarrollando iniciativas solidarias dentro o fuera de la iglesia: mercadillos, Dorcas, cafés, cenas, conciertos, … Los mismos sirven para concienciar y para recaudar fondos, pero también para dar testimonio en medio de la sociedad.

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